MEMORIAS EN TRÁNSITO | Exposición colectiva curada por Horacio Warpola

La memoria es un grupo de imágenes que quedan en la mente humana. Las memorias informáticas son perecederas e indestructibles, unas trabajan en la plenitud de la materia y las otras formulan números y espacios que trazan caminos invisibles pero transitables. Cuando nos movemos dejamos atrás de nosotros una cadena de vida, un ejercicio de la memoria perecedero e indestructible.

Estar en movimiento nos condiciona a una supuesta libertad; sin embargo trasladarse en este pequeño mundo es un acto de violencia. No hay rutas liberadas, no hay tránsito transitable. Tampoco estamos dispuestos a estancarnos cuando la época nos devora con sus insistencias de marketing, tecnologías inestables y falsos conceptos sobre la búsqueda de la felicidad.

Todo generador de conciencia en nuestra era digital es un generador de discursos, una alerta para la nueva pangea. No podemos aplicar el torniquete ante lo que sucede en nuestro plano físico. El trabajo colectivo cara a cara, olor a olor, es lo único que nos mantendrá conectados con la ruta de la realidad. Vivimos en una ciudad que es pasaje, es cruce, es para llegar y para irse; una ciudad que es de todos y de nadie, de los que vienen de lejos y los que nunca se fueron; una ciudad que hemos construido con la trascendencia de lo que llamamos “progreso”: letargo que en lugar de provocarnos subir a los edificios nos empuja cada vez más a la naturaleza y al trabajo comunitario. Las ciudades se seguirán levantando como robots incontenibles mientras las mujeres y los hombres que van de paso seguirán su camino, con la vieja custodia de la esperanza, el sueño de trascendencia y el oasis capitalista a mitad de un desierto custodiado por esqueletos. Deberían poder quedarse aquí o allá, sentirse bienvenidos, compartir nuestras escuelas y nuestros campos, pero cuando nada es nuestro, jamás será de nadie.

En los muros, en los trenes, en las oficinas abandonadas, hay archivos y postverdades que nos dictan el curso de una era colectiva en donde todos somos responsables directamente de lo que sucede a nuestro alrededor. La Tierra es nuestro único albergue, azul y tibia, como cuando te reciben en un hogar extraño con sopa caliente y una cobija, calcetines limpios y un jabón. Avancemos hacia la única casa que tenemos, en la que tus nietos podrán arrancar una naranja del árbol y moverse libremente por el mundo, donde la memoria colectiva será un acto de redención, la obra perecedera de nuestra especie, el verdadero tránsito entre nosotros y la trascendencia universal.

Horacio Warpola.

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