EL RETORNO | Quetzal León

En esta serie busco la estética y la poética de los cuerpos semidesnudos en la playa, un espacio temporal afín al origen común de todos nosotros, pues se dice que venimos del mar…

¿No es la playa sino el primer encuentro con tierra firme?, desde este pedazo de tierra miramos la lejanía y el lugar que nos recuerda un pasado que desconocemos pero imaginamos, un pasado en el que la naturaleza del ser humano se gestó y a la que de manera inconsciente queremos siempre regresar: ¿el paraíso terrenal acaso?

Es en nuestra cotidianidad que nos negamos la naturaleza humana más inmediata: la desnudez. Es ésta el principal y último reducto del reconocimiento de nuestra humanidad, al hacerlo negamos también nuestro origen. Es en la playa que reconocemos nuestro cuerpo y el de los otros, reconocer la forma humana —en todas sus dimesiones, proporciones y acepciones— es reconocer la otredad y todas sus posibilidades. De manera general relacionamos la playa con la recreación y ¿qué es recrear, sino la vuelta a la construcción del todo?, de uno mismo, de algo de nuevo: recomezar.

El contacto de la piel con el mar y con la arena se convierten en la frontera en la que el espacio se ensancha y nos permitimos recordar cómo se juega, cómo se es niño, cómo se ríe y cómo se espera a que el día transcurra para retornar tierra adentro y entonces, comenzar de nuevo a soñar, a extrañar el origen.

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