PAÍS DE OFRENDAS | Gonzalo García

 

La serie en la que estoy trabajando actualmente se llama Retratos al poder y es un ejercicio pictórico donde intervengo mujeres que han estado en el poder -ahora íconos- sobre todo de la época de los años sesentas, con otro tipo de personajes femeninos que ofrecen a bebés en platos típicos mexicanos, que son básicamente la representación de la patria, un renovado y a la vez cotidiano retrato de nuestra patria que ofrece a sus hijos como un sacrificio.

El concepto de estas piezas es tratar de representar el capital humano mexicano como una artesanía que se ofrece al poder extranjero para su explotación, a los que me gusta llamar nuestros “nuevos conquistadores”. Un pueblo que se auto-explota y se auto-sacrifica para después ofrecerlo como postre para los otros.

La mujer que ofrece a un bebé en el plato está inspirada en varios de los grabados de James Gillray, un artista francés que, entre los años de 1790 al 1810, hizo muchas representaciones de la madre patria francesa como una mujer del pueblo francés, delgada y grotesca, en donde en uno de ellos se está devorando a sus hijos como analogía de todas las muertes que cobró a Francia su Independencia de la Monarquía, a mano de la guillotina, para alcanzar su periodo de Ilustración. Pienso como artista al ver todas estas imágenes que hay muchas similitudes de la Francia del siglo XVI, a lado de democracias deficientes contemporáneas como la es la de nuestro país, México.

Es una serie que habla del poder y del pueblo, sometido a éste, pero siempre desde una representación femenina, porque son sus mujeres -y no sus hombres-, las que siempre me han parecido los personajes más trágicos de su época, -desde María Antonieta hasta Jackie Kennedy-, a las mujeres que están en el poder o cerca de este, los pueblos depositan en ellas más sentimientos de resentimiento, culpabilidad o martirio, que van tejiendo nuestra historia, como tal vez en un intento de continuidad con la tradición cristiana del pecado original de Eva.

Así que esta serie busca explorar las posibilidades de arraigar iconos de poder y mezclarlas con mi nueva representación de la patria Mexicana, una más a la Goya (Saturno devorando a su hijo, 1819) o a la Gillray, delgada, precaria, sumisa y entregada a la total resignación de ofrecer a sus hijos, en pro de sus propios intereses; una patria cobarde que busca que nos compadezcamos de ella, pues no tiene el valor de admitir que también se devora a sus hijos, disfrazando su realidad con el manto (reboso) de su tradición histórica, de pueblo de ofrendas y conquistadores.

 

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