MONSTRUO | Gerardo Montiel Klint

Alcanzó a conjeturar perdido en la niebla de los tiempos, un puerto que nunca conocí. Hay un barco -un paquebote- a la espera de zarpar: 11 59 3 toneladas de arqueo bruto 17 1.6 metros de eslora y 19.5 de manga, 18 nudos de velocidad máxima, matrícula de Saint Nazaire.

Hay una luna en creciente sobre el estuario. Hay la historia de unos documentos olvidados en el taxi y la historia increíble de cómo fueron recuperados justo a tiempo para poder abordar. Hay la historia de la familia que se quedaría en tierra por llegar tarde.

Jueves 20 de julio de 1939, mediodía: « Latitud 36° 48′ Norte, longitud 51° 16′ Occidental; 355 millas náuticas recorridas en las últimas 24 horas, a una velocidad media de 15.11 nudos. Estado del tiempo: mar agitada, viento del Sur, buen tiempo.»

Hay la historia del que cayó al agua por la mañana y fue heroicamente rescatado.

¿Qué me queda de aquel puerto que nunca conocí de aquel viaje trasatlántico que sólo he imaginado? Un estado de ánimo, una pregunta abierta, un sentimiento intenso -luminoso y obscuro, fugitivo y perdurable, frágil como la brisa matutina y duro como las rocas al pie de la acantilado- que yo creo que es amor. Me queda de la atisbo de una inmensa esperanza y el gesto complementario de quien mira atónito lo que va dejando atrás. Y me queda una niebla, donde habitan a la par, confundidos en uno solo el puerto de donde vengo y el puerto del que partiré para no volver.

Mauricio Ortiz.

2015

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