YUXTAPOSICIONES | CAPÍTULO II (ANTROPOLOGÍA EN EL ARTE)

Los orígenes de la antropología se vinculan con dos coyunturas históricas: la primera, el surgimiento de la ciencia positiva. La segunda, el colonialismo. Ambas contribuyeron en la constitución de una ciencia social cuya distinción reside más que en un método o un objeto de estudio, en un enfoque.

Ya desde los primeros esfuerzos de colonización, frailes y misioneros llevaban a cabo trabajo de campo con los locales y eran ellos quienes descifraban costumbres, comprendían sistemas de organización y parentesco y escudriñaban los rituales para, casi siempre, usarlos en su favor. Sin embargo, fue más bien durante los siglos XIX y XX, con las ideas de la ilustración, el orden y el progreso bien instaladas en las mentes humanas, que Lewis Henry Morgan, en Estados Unidos y Edward Burnet Taylor y Branislaw Malinowski en Europa, sistematizaron y propusieron métodos ordenados de trabajo de campo que permitían a los científicos de la época tener control de las investigaciones y llevar a cabo procesos ordenados de reflexión y comprensión se objetos de estudio tan complejos y mutantes como el hombre, sus relaciones y  las sociedades en las que se desarrolla. Todas estas investigaciones se realizaban en culturas lejanas, consideradas en ese entonces como primitivas, que permitían al ojo externo, una visión más general y analítica. De esos primeros ejercicios de observación, documentación y análisis la antropología heredó sus procesos y métodos, pero sobre todo, su mirada.

¿En qué consiste la mirada antropológica? Estudiar a una sociedad lejana, aislada y extrema, con costumbres distintas obligó a los primeros antropólogos a dejar del lado sus prejuicios para intentar mirar el ámbito estudiado como lo ven y lo construyen quienes participan en él. Al mismo tiempo, les era necesario convivir de manera cercana con la sociedad estudiada, hacer lo extraño, familiar e interactuar de la forma más cotidiana posible para descubrir códigos y adivinar el significado de lo que se da por sentado que todos comprenden en una interacción. Ya con las observaciones hechas, el análisis requirió desde los inicios de esta disciplina relacionar con el contexto y con la teoría social lo observado, para guíar y ubicar la reflexión y comprensión.

Este enfoque, esta forma de mirar, dota a quien la ejerce de una capacidad para dejarse sorprender por lo cotidiano al mismo tiempo que le permite permanecer alerta y presto a la reflexión y deseo de comprensión que la convierte casi en un estado de ánimo.

Este acucioso espíritu de investigación, esta mirada permanentemente inquisitiva, se observa en los artistas y sus obras. Desde los paisajes cotidianos y bucólicos de Cezanne hasta Duchamp y sus ready-made el arte muestra esta forma de comprender la realidad desde el detalle y lo mínimo y propone sistemas y dispositivos que desde las excepciones revela nociones universales de lo que observa.

Ya Godard, hace más de  cincuenta años dijo que la cultura es la regla y el arte es la excepción; y en este sentido, la mirada antropológica permite hallar la excepcionalidad, lo sublime y fugaz en lo cotidiano, lo vernáculo y constante.

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